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Desde el seminario sobre bibliotecas digitales

editada por Candyman el 31 de Marzo 2006, 15:11h   Printer-friendly   Email story
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Ayer estuve todo el día en el seminario Libros hechos bits (el debate sobre la digitalización de las bibliotecas) organizado en la Residencia de Estudiantes por José Antonio Millán y Carlos Wert, y no pude parar de tomar notas. Tres declaraciones destacadas: Teresa Malo de Molina, directora técnica de la Biblioteca Nacional, dijo que "no vamos a gastar un duro en algo que no podamos poner en el dominio público" (¡bien!), el director de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dijo que estaban estudiando poner sus fondos bajo licencias Creative Commons (bien, aunque las obras que están en el dominio público deberían seguir en el dominio público, y no pasar a un régimen de derechos, por permisivo que sea éste), y que Marco Marinucci, de Google Book Search, acabó confesando que no piensan poner para libre descarga los libros en el dominio público que escaneen (mal, y mal por parte de las bibliotecas que les permiten acceso a los fondos sin exigirles ese mínimo tributo al bien público). El resto de lo que se dijo en el día, en el texto ampliado de la noticia.
He de decir que bajo el término "biblioteca digital" se entienden varias cosas distintas, desde las revistas científicas que se publican directamente en ese formato hasta la digitalización de fondos históricos de grandes bibliotecas europeas, pasando por los proyectos de Google y Amazon de indizar libros comerciales según acuerdos con editoriales, y por todos los proyectos de digitalización de archivos no bibliográficos (mapas, partituras, grabados, etc).

Sin embargo, mi interés primario al asistir era el de enterarme de los proyectos de digitalización de fondos bibliográficos de grandes bibliotecas europeas, y de paso seguir el debate entre Google Book Search y los editores españoles. En ambos casos valió la pena, y además pude asistir a una soflama de Pepe Cervera de esas que despeinan a los que están sentados en la primera fila, así que doy el día por bien gastado.

La Biblioteca Digital Europea

Teresa Malo de Molina mostró un montón de diapositivas que parecían todas la misma (llenas de buenas intenciones de difusión y acceso y respeto a los derechos de autor), pero pasando por alto los detalles del Plan Dinámico de digitalización de bibliotecas. Sí, hay algo llamado "plan dinámico", que aparentemente pasa por coordinar tres iniciativas distintas. De todos modos su presentación fue muy confusa, y un poco descorazonadora por cuanto da la impresión de que mientras Google Book Search y The Open Library están ya digitalizando como locos, los europeos aún estamos discutiendo los términos de la discusión.

Le he propuesto una entrevista con barrapunto, así que probablemente nos podrá contestar a todas las dudas que tengamos, pero sí que me gustó la respuesta a mi pregunta sobre el dominio público: está totalmente a favor.

Juan Manuel Abascal, de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, habló del compromiso entre el servicio público y la financiación mixta, y de colaboración entre los sectores público y privado. Se planteó dudas sobre la creación de bibliotecas digitales propias de cada centro, ignorando la deslocalización. La sostenibilidad financiera es otra preocupación, y también el objetivo que ha de servir una biblioteca, que en su caso está centrado en la educación.

Cara a la educación no les gusta la búsqueda libre porque la gente usa la caja de búsquedas para hacer preguntas o consultas. Por esta razón diseñan sistemas de navegación dirigida mediante portales temáticos y aulas virtuales, que según él dejan mejores resultados. Todos dan estadísticas de acceso a la red, y señalan que las estadísticas son estacionales con picos en las fechas de exámenes. Las aulas virtuales contienen también materiales deidácticos de confección propia.

Carlos Wert, co-director del Seminario, hizo una pregunta que todos teníamos en la cabeza: ¿esto cómo se paga?

Teresa Malo de Molina respondió que la LDE tiene un plan de llegar a los 6 millones de libros digitalizados para 2010, una gran ambición que le parece cara. La Biblioteca tiene un capítulo presupuestario dedicado a financiar la digitalización de 18 millones de euros en 4 años, que permitiría digitalizar 200.000 títulos.

Juan Manuel Abascal recordó además que hay un formato idóneo para cada título; no existe un formato idóneo para todas las obras. Hay obras que es imprescindible difundir en formatos OCR pasado a XML con marcas para consulta, pero hay miles y miles de títulos que sólo requieren digitalización por PDF con OCR automatiado.

En mi opinión, y esto es algo que no dije allí pero que puedo comentar en este artículo, está bien que lo estén planeando todo con tanto cuidado, pero que a lo mejor podrían simplemente digitalizar fondos exclusivos y poco accesibles, difundirlos, y dejar que sean los demás quienes hagan las ediciones. Estoy pensando especialmente en la Biblioteca Nacional, que son los custodios de muchas obras a las que el acceso es difícil. Si las digitalizan en simples bitmaps que luego cuelgan de la red y las distribuyen con bittorrent, el mundo está lleno de universidades, empresas y particulares que pueden hacer esas ediciones, sea de forma libre o de forma comercial.

Ante la pregunta (formulada por un servidor) de qué pasaba con las obras que estaban en el dominio público, el director de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes dijo "Somos públicos y gratuitos, y nos enorgullecemos". La tercera obra más consultada tras El Quijote y El Cid es la de Emmanuel Kant, obras disponibles en cualquier librería a precio muy barato. La Biblioteca Virtual es eso. No quieren intervenir con el sistema editorial, y de hecho las editoriales están contentas con ellos, y participan en el proyecto. Así que no dijo nada del dominio público, aunque sí que adelantó, sin dar más detalles, que próximamente haría el anuncio del uso de las licencias Creative Commons por parte de la Biblioteca que dirige.

Teresa Malo de Molina fue más explícita: "Creo que debe haber un esfuerzo institucional, y la Biblioteca Nacional no va a invertir un sólo duro en algo que no pueda poner en el dominio público". Se puede decir más alto pero no más claro. También dijo que desconfía de las empresas privadas, porque el mandato público de la Biblioteca Nacional y el de una empresa y sus intereses comerciales son distintos. "Nuestro deber es hacer el contenido lo más disponible posible con las menores restricciones posibles".

Yo añadiría, fuera de programa, que hay unas empresas que se llaman editoriales y que también son usuarios de las bibliotecas, y que todo cuanto publiquen las Bibliotecas Nacionales bajo el dominio público podrá ser usado por las empresas para hacer sus ediciones, y que eso es bueno, y no malo.

La directora de Cedro recordó que en Canadá se está haciendo una base de datos de obras en el dominio público, algo que merecería un artículo aparte. También señaló que en esa convocatoria sobre las bibliotecas digitales faltaban los autores, refiriéndose sin duda a ella misma. Carlos Wert pidió excusas por no haber incluído a los autores en el programa, aunque lo justificó por lo prematuro de los proyectos. Desde aquí aprovecho para solicitar que en la próxima convocatoria estemos también representados los lectores y el gran público, a ser posible por alguien con lazos con las organizaciones que trabajan por una racionalización de los regímenes de propiedad intelectual. Vamos, que me ofrezco a Carlos Wert y a José Antonio Millán para estar sentado en la mesa al lado del representante de Cedro, no vaya a ser que por estar representados los autores se queden sin representación los lectores.

Miguel Jiménez, que debía presentar a continuación, aprovechó el turno de preguntas para expresar su miedo a que la Biblioteca Europea asigne a las bibliotecas nacionales un liderazgo que puede que no cumplan. Miedo a que sea sólo un proyecto dedicado a los libros, y no sólo a los archivos. Opinó que Google y la BDE deberían ser proyectos complementarios.

Teresa Malo le contestó: "Envidio lo defensores de su cultura que son los franceses". Pero admitió que, efectivamente, el futuro está en la complementariedad, aunque también podría haber proyectos comunes. La estructura propuesta es de nodos recolectores, que la Biblioteca Nacional sea recolector de datos de su biblioteca y proveedor de servicios de cualquier otra biblioteca. Y la BNE digitaliza de todo, de los 20 millones de piezas que tienen sólo 8 millones son libros, el resto son partituras, carteles, mapas, manuscritos, etc. De todos modos comentó que se recomienda que el proyecto de BDE se centre fundamentalmente en los libros. Y terminó diciendo que, si Google dice que están dispuestos a invertir en el dominio francófono o español, "pues ya veremos si esto sucede".

Juan Manuel Abascal respondió que "debemos salir de la guerra de los millones. Hay que huír de las cifras y asumir responsabilidades, y cada uno en su responsabilidad ha de hacer lo que pueda, y no ir a la guerra de las cifras y de los nombres propios. Todos hacemos lo mismo: pasar letras del papel a las pantallas".

Marco Marinucci, de Google Book Search, aprovechó el turno de preguntas para comentar que, en promedio, el 20% de los fondos de una biblioteca están en el dominio público, y el otro 20% están disponibles aún en las librerías. Pero hay un 60% de obras huérfanas, que no están ni libres de derechos ni disponibles en las tiendas, y estos proyectos pueden clarificar los derechos de estos libros y los permisos de acceso.

Pepa Michel Rodríguez, del Centro de Documentación Europea de la Comunidad de Madrid, preguntó por las licencias Creative Commons, y el director de la Biblioteca Virtual Cervantes dijo que su institución está preparando un esqueleto de enlaces con Licencias Creative Commons para que cualquiera pueda adaptar las obras de su colección. Esta sería una ocasión excelente para introducir la declaración de dominio público (que ya existe en Estados Unidos).

Un editor valenciano preguntó por la evaluación del uso de las bibliotecas digitales, y Abascal le contestó que tenía muchos datos: "Hemos hecho encuestas con unos detalles cercanos a la Ciencia-Ficción", pero no los publican. Teresa Malo comentó que en el ámbito europeo estos detalles cada vez preocupan más: qué quiere el usuario y cómo medimos el resultado de los esfuerzos efectuados. Un ejemplo es que una de las obras digitalizadas en la BNE es un manual de heráldica, que es el libro más consultado, con lo cual la biblioteca tiene que aunar su interés académico con las pautas de uso de los ciudadanos.

La presentación de Miguel Jiménez, de la Biblioteca de la Residencia Estudiantes, fue la más técnica, y se centró en las estadísticas de uso de las bibliotecas universitarias, que está dominada por las revistas científicas. El ejemplo favorito (suyo y mío) es el de Safari Bookshelf de O'Reilly, que es de lo que más se usa: 70 artículos por título. Las revistas electrónicas también tienen muchas descargas, algo obvio y esperado, pero aquí las críticas se orientaron a los altos costes.

Pepe Cervera hizo un discurso de los que despeinan, con un enfoque totalmente certero: "la gran Biblioteca Digital ya existe y se llama Internet, y sus índices también existen, y se llaman Google, Yahoo, Altavista o MSN Search". Según Cervera, lo que hay que hacer es poner las obras digitalizadas en Internet, y dejar que mucha gente haga muchas copias, con bibliotecarios-hacker que recuperen los formatos ilegibles. Algo que ya dijo Arno Schmidt hace cincuenta años... Pepe Cervera está en buena compañía.

Google Book Search y las editoriales

Abrió la sesión de la tarde Marco Marinucci, de Google Book Search, afirmando que poca gente conoce su servicio. Para demostrarlo hizo una exposición de los cinco mitos sobre Google Book Search. Que conste que estas son las palabras de un empleado de Google, y no las mías:

  • Mito: GBS es una amenaza para los editores
  • Realidad: GBS es una plataforma para los editores

  • Mito: Google no respeta los derechos de autor
  • Realidad: Respeta completamente los derechos de autor

  • Mito: Los editores americanos están contra GBS
  • Realidad: El 100% de los editores participan en GBS

  • Mito: GBS favorece el contenido en inglés
  • Realidad: Compromiso con el contenido internacional

  • Mito: El 100% del texto se puede leer online
  • Realidad: Sólo se accede a 5 páginas, y el editor decide.

    Resumiendo, terminó por decir que en Google Book Search se aplicaba "el mismo estándar de Amazon".

    El servicio sólo tendrá anuncios si el editor lo quiere, y Google compartirá con ellos las ganancias. Después de cada búsqueda, sólo enseñan la página si el libro está en el dominio público o si el autor/editor lo permite. En cuanto a las demandas entabladas contra este servicio en los Estados Unidos, dijo que estaban la de los autores y la de los editores, y que (para mi sorpresa) la de los editores es una demanda "amistosa", orientada a que sean los tribunales los que establezcan, con su precedente, si Google Book Search entra dentro del "fair use" del copyright.

    El servicio provee de una búsqueda avanzada de libros, sea por título o por palabra interna. Todo Google está integrado, así que una búsqueda puede dar lugar a mapas con las direcciones de bibliotecas que tienen el libro. Pero en el caso de libros que siguen en vienta promueven el enlace al editor antes que a una biblioteca que tenga los fondos.

    Los libros de Google Book Search están divididos en tres grupos. Según Marinucci el 20% de los libros de las librerías están aún en venta; otro 20% son libros en el dominio público, y un 60% de los libros están en la zona gris en la que no se pueden comprar en una librería ni descargar legalmente de la red. Para los libros con derechos vigentes, Google Book Search mostrará tantas páginas como el editor permita. Para los libros en la "zona gris", los llamados "huérfanos", Google mostrará sólo dos líneas y la dirección de la biblioteca donde se pueda consultar. Y para los libros en el dominio público, se podrán leer en su integridad, y próximamente incluso imprimir, aunque desgraciadamente no se podrán descargar. Sobre esto tuve que preguntarle cinco veces antes de conseguir una respuesta.

    Marinucci pasó gran parte de su conferencia hablando de la seguridad que su sistema da a los editores. Sólo se dejará ver 5 páginas por usuario, o hasta un máximo de 20 páginas del total, y habrá un número de páginas que no se mostrarán nunca, para asegurar que sea imposible hacer un ataque distribuido a su base de datos.

    En un futuro, lo que Marinucci llamó "versión dos", Google Book Search quiere ofrecer "una plataforma tecnológica gratuita para que nuestros socios puedan experimentar nuevos modelos de venta": "Pay per view", "Build your shelf", "Print on demand" e incluso libros financiados con anuncios (algo que no sería tan nuevo, porque yo tengo alguno por mi casa: a principios de siglo eran comunes). Lo que hizo soltar más de un bufido a los bibliotecarios asistentes fue su propuesta de experimentos como vender libros a tanto por capítulo e incluso por página.

    Tras la presentación de Google Book Search comenzó la mesa redonda con los editores. Más que bufidos, aquí volaron las chispas. Jesús Badenes, de la Editorial Planeta, dijo que habían hecho el ejercicio, pero han decidido dejarlo porque los resultados no eran buenos. Repitió constantemente que los editores eran sólo los albaceas de los creadores, y también el mantra de que "si olvidamos los incentivos a los creadores pronto no tendremos nada que difundir".

    Ricardo Cavallero, de Random House Mondadori, me cayó bien, tanto que al final me daban ganas de comprarle un coche, aunque estuviera usado. Bromas aparte, la verdad es que todo lo que dijo tenía mucho sentido. "La venta de libros por Internet no funciona, al menos en España" (se le olvidó decir que el principal culpable es el precio fijo del libro, y la prohibición del descuento) y que necesitaban aprender. "El problema con Internet es que no sabemos bien cómo funciona pero ya queremos ganar dinero" "Yo quiero llegar a mi público, y Google me ofrece un escaparate".

    Según él este momento es como el que hubo hace algo menos de die años con los libros electrónicos: "todo el mundo estaba más interesado en ganar dinero que en entender cómo funcionaba". En Mondadori quieren entender cómo funciona esta plataforma, y llegar a través de ella al público hispanohablante de Estados Unidos.

    Sobre Google Book Search dijo Cavallero que "lo veo como una cosa positiva, sin contraindicaciones. Son demasiado cautelosos en Google, con sus cinco páginas". También dijo que, como obstáculo a contribuir con Google Book Search, la piratería es un falso problema: "el que me pirateó el último libro de Gabo lo hace mejor yendo a la liberería, contratando una imprenta e imprimiendo 20.000 ejemplares, que es lo que hacen de todos modos en Chile y Perú".

    Lluis Miró, de la Universitat de València, afirmó que los bibliotecarios han ido por delante de los editores universitarios, y hay un debate territorial entre los editores y los biliotecarios. Y entonces llegó Enrique Dans. No voy a repetir todo lo que dijo porque él mismo ha hecho un resumen de sus argumentos, quizá de forma menos incendiaria que en la conferencia (a mí me da mucho gusto poder ir de moderado cuando es otro el que va de destroyer). Pero sí que diré que frente a los editores allí sentados, tanto de Mondadori como de Planeta, hablaban sobre todo de sus grandes éxitos (Harry Potter, García Márquez, Carlos Ruiz Zafón), Dans recordó el potencial económico de lo que Chris Anderson llama "la larga cola", los fondos de catálogo.

    Según Dans, y en esto estoy de acuerdo, con Google Book Search la industria está en la posición de decidir si controla el proceso o no. La industria musical decidió que Internet no era importante, con lo que el fenómeno del P2P creció sin control de la industria. El proceso se ha desarrollado con ellos. Google ofrece a los editores la posibilidad de controlar el proceso (al menos por ahora, y al menos parcialmente).

    Un bocazas que había al fondo de la sala hizo tres preguntas: la primera si Google iba a dejar en el dominio público los libros del dominio público que digitalizase; la segunda qué tal fueron los libros de Wu Ming publicados bajo licencias copyleft, y a Jesús Badenes sobre cuál era ese mal resultado que habían tenido con Google Book Search. Las tres respuestas se fueron por la tangente.

    Marco Marinucci contestó que sí, que los libros en el dominio público seguirían en el dominio público, y que en un futuro sería incluso posible que los usuarios pudieran imprimírselos. Hizo falta preguntarle tres veces más (la última cuando ya se estaba yendo) para que contestara que no, que los libros del dominio público digitalizados por Google no estarían disponibles para su descarga por el público. En esas condiciones, no me extraña que las bibliotecas nacionales europeas se nieguen a colaborar con Google Book Search, y me parece lamentable que lo hagan las bibliotecas universitarias norteamericanas en cuyos estatutos está claro el servicio público, sean entidades con ánimo de lucro o sin él.

    Ricardo Cavallero comentó por encima que los libros de Wu Ming habían tenido peores resultados de los que la editorial esperaba, pero que se puede promocionar un libro haciendo algo aparentemente contraproducente: El enigma Vivaldi se ha promocionado fomentando el Bookcrossing, y les ha ido bien. También comentó que le encanta Dave Eggers, pero que éste, llegado al "top del top", se publicó sin editor en la red directamente, y tuvo un fracaso: "cuanta más gente haya en Internet más necesitaremos a las editoriales". Así que para el representante de Mondadori la editorial es más una agencia de relaciones públicas que un árbitro cultural.

    Jesús Badenes dijo que tras el acuerdo con Google sobre libros editados por Planeta en EEUU y la diferencia en los números fue inapreciable. No fue ni bien ni mal. Tampoco habían hecho los deberes: Marco Marinucci le echó en cara que no pusiera en Google Book Search los enlaces para poder comprar los libros, y Badenes contestó lo mismo que contestaría luego al proponerle que emule y los libros "piratas" dan un servicio que es muy necesario: "El libro es el formato que es, y la gente sabe la librería que tiene cerca". Evidentemente, Espasa es también dueña de La Casa del Libro, y no le parece mal vender por Internet. Las cuitas son otras que no son los resultados, y es que a los que son machos alfa de su manada les molesta que entren otros competidores en su terreno.

    Y sin embargo, si Google Book Search no se dedica a indizar los libros, alguien lo hará, y ese alguien puede ser nada menos que emule. Resulta que últimamente he tenido que escribir sobre ciencia-ficción, y me he dedicado a descargar de emule libros (que en su mayoría ya tengo, y algunos de ellos varias veces) para poder hacer búsquedas en texto completo. Lo primero: estaba todo. Lo segundo: tengo todo el derecho a hacerlo, derecho moral si no legal.

    Cuando se lo comenté, el propio Jesús Badenes dijo que la propuesta de "tengo derecho porque he comprado el libro" era "comprensible" (según la teoría de que al comprar un libro uno compra los derechos para varios formatos), pero que "hay que tener más respeto a la propiedad intelectual". Y cuando le comenté que es un servicio al lector que si no nos lo dan ellos, sea a través de Google Book Search o no, nos lo tomaremos los lectores, volvió a contestar eso de "El libro es el formato que es." Laura Díaz, abogada de la Residencia de Estudiantes, le contestó en España tenemos ese derecho por ser copia privada.

    Mi postura es bien clara: más allá de si el ejercicio de la búsqueda a texto completo en los libros vende más copias o no, y más allá del derecho a ejercer la crítica y el estudio, el poder hacer búsquedas a texto completo es una posibilidad nueva y fructífera de hacer uso del derecho del acceso a la cultura. Este derecho ha de equilibrarse contra el derecho de los editores y los autores. No es razonable coartar los movimientos de los lectores sólo porque los editores y autores no se beneficiarán lo bastante. El derecho del autor no es un derecho omnímodo y, si dejamos que sean los autores y editores los únicos que decidan qué se puede hacer y qué no se puede hacer con los libros, corremos el riesgo de vivir en un mundo donde las bibliotecas tienen que obedecer la prohibición de préstamo que aparece en las primeras páginas, y "los libros son el formato que son, y todo el mundo sabe la librería que tiene cerca".

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